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Confraternidad de La Viga
Dispuesto a una nueva experiencia, acepté la invitación de mis amigos del Club Explorador Cóndor a acompañarlos a una excursión al Cerro de La Viga, misma que realizamos el pasado domingo 22 de febrero.
Con anterioridad, los he acompañado a otras salidas y han representado una gran satisfacción personal el haber compartido con ellos: un ascenso a la cima del Pico Sur; la participación en la Confraternidad de La Calle y más recientemente su Campamento de Invierno.
Pero el reto estaba en La Viga, esta cima que disputa junto con El Potosí, el ser la más alta del noreste de México.
Con una cota superior a los 3,700 msnm, esta altura de por sí, representa un reto para el organismo humano, porque pueden presentarse síntomas del mal de altura o mal de montaña, que principia a manifestarse a partir de los 2,800 msnm debido la disminución de la presencia de oxígeno en la atmósfera.
Conciente de las implicaciones que podían suceder, a las 5:00 a.m. llegué a la cita con mis amigos del Cóndor para
trasladarnos hacia Los Lirios en el municipio de Arteaga, Coah. y en un paraje cercano dejar los vehículos al pie de La Viga.
Los primeros comentarios cuando llegamos y nos preparábamos para iniciar la caminata, fueron sobre la nieve que se veía en el cerro, pues se apreciaba tener una cantidad mayor que en otras ocasiones.
Iniciamos el ascenso y a partir de los 3,000 msnm empezamos a encontrarnos con vestigios de nieve, pero conforme
subíamos se volvió más abundante hasta cubrir totalmente la superficie, ya sobre los 3,400 msnm se detectaban
acumulaciones de 30 cm de profundidad y así permaneció hasta la cima.
Que grata experiencia, a pesar de la dificultad de caminar en la nieve y que en algunos tramos estaba ya hecha hielo por la cantidad pisadas de los excursionistas que nos antecedieron en el ascenso, el frío no se sentía y la necesidad interior de llegar a la cumbre, más fuerza me transmitía para cumplir con el cometido.
Una vez arriba, el gozo de la conquista, las felicitaciones que entre todos nos brindamos por habernos puesto a prueba y con nuestra fuerza, agilidad, valor y capacidad de sufrimiento vencimos el desafío.
Para eso están las montañas, símbolo de lo inalcanzable, morada de los dioses mitológicos, para que nosotros un día
cualquiera, conquistándolas, lo convirtamos en un día de triunfo personal.
Agradezco a mis amigos del Club Explorador Cóndor la oportunidad que me brindaron para vivir esta experiencia.


