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Porqué estoy en el Cóndor
—¿Ya lo viste?
—Sí.
—Dicen que si te asomas al otro lado te caes.
—¿Es cierto a'má?
—No, no le creas a tu hermana. Allá sólo pueden llegar las aves, y esas no se caen.
Era el año de 1978 y yo tenía siete años. Mis vacaciones eran siempre a Ojo Caliente, un pueblo antes de llegar a Ramos Arizpe, Coahuila, aproximadamente a 80 kilómetros de Monterrey.
En el coche de papá hacíamos más de una hora y media, y el regreso era tedioso y cansado. La emoción sólo llegaba cuando entrabamos a la ciudad, al pasar frente a una gasolinera, volteabas a tu derecha y ahí estaba: el agujero en la montaña.
Nunca se movía y nunca se tapaba.
Las historias sobre el agujero en la montaña eran muchas y me provocaban miedo. Mi hermana gustaba de asustarme diciendo que si te asomabas te caías, que el cerro se estaba desbaratando, y la mejor de todas: por ahí entrabas al centro de la Tierra. Mamá me calmaba diciéndome que sólo las aves llegaban ahí.
En 1994, mi hermano Julio me platicaba de sus aventuras en el Cóndor, y yo sólo podía imaginar cómo sería aquello.
Un buen día me dijo:
“Voy al Nido. ¿Te acuerdas del cerro agujerado?”
Sin pensarlo dos veces le contesté: ¿Puedo ir?
“Claro”, respondió mi hermano.
Fué mi primera excursión. Asistieron la crema y nata del Club, la gente con mayor experiencia.
Ese día recuerdo bien que hubo un accidente. Otro Club había subido también al Nido y uno de sus integrantes se pegó en la cabeza al bajar a rappel.
El chico se lastimó y todos sus compañeros estaban muy asustados. Entonces nuestro Capitán, sin perder tiempo, primero nos dió órdenes de no movernos y luego prestó ayuda al joven golpeado.
Al bajar el cerro estaba una ambulancia esperando al herido. Nosotros nos retiramos... yo iba orgullosa de estar en compañía de gente tan capaz y desinteresada. No hubo aplausos ni medallas. Nada de eso se necesitaba.
Al día siguiente pagué cara mi novatada, pues no me podía mover por el dolor tan fuerte en las piernas... no conocía ni pizca de técnicas para subir un cerro. Pero esto no me importó.
Yo llegué al Nido y conmigo llegaron los recuerdos... No te caías, no se desbarata el cerro y, por supuesto, no iniciabas el descenso al centro de la Tierra.
Mamá tenía razón, sólo las aves pueden llegar allá. Logré llegar con ayuda de mis compañeros, y a partir de entonces descubrí que mi lugar está aquí, con ellos, en el Club Cóndor.
Diciembre de 1995.
El lugar mencionado es "El Nido de los Aguiluchos".
Es un agujero natural que atraviesa una montaña en La Huasteca,
localizada en Nuevo León.
Fue conquistado por el Club Aguiluchos.


