
La primer sorpresa que tuvimos en esta excursión ocurre al estacionar los carros en el entronque del camino que sube al Mirador. Al caminar un par de metros hacia el oriente para asomarnos a la cañada, escuchamos de pronto el sonido que produce el agua al chocar contra las rocas en su descenso de la sierra. No esperábamos que hubiera un arroyo tan próximo a Monterrey, pero es el legado de los días lluviosos que hemos tenido en las últimas semanas.